¿La enfermedad que no acaba?

Aunque el mundo pone sus esperanzas en la aparición de una vacuna para la covid-19, enfermedad que mantiene a casi todos en vilo, con rutinas de vida completamente distintas a las que se tenían hace unos meses, aún el camino se torna sombrío y al parecer el aislamiento social, uso de mascarillas, lavados de manos y superficies constantemente serán parte de nuestra cotidianidad por otro período de tiempo.

La realidad es que cuando muchos están cansadísimos de permanecer en casa, con deseos de abrazar y besar a sus seres más queridos, amistades, incluso a quienes no son ni tan cercanos, Tedros Adhanom, director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha llamado la atención sobre la aceleración de esta pandemia horrorosa y llamó a esta etapa una “fase nueva y peligrosa”.

Y es que el jueves de esta semana se diagnosticaron más de 150 mil casos de la covid-19, convirtiéndose este número de personas en un record diario desde que vivimos esta pesadilla.

Por eso, no debemos olvidarnos de que este virus continúa siendo mortal y la vulnerabilidad de la mayoría se mantiene intacta, por lo que los países y sus habitantes necesiten y deseen con muchas fuerzas abrir las economías y sociedades esto puede convertirse en un efecto boomerang porque la propagación del contagio no ha disminuido en lo absoluto.

Regiones como Las Américas, el Medio Oriente y el sur de Asia reportan muchos casos, más de la mitad de los que se diagnostican diariamente en estos momentos según apuntó Adhanom.

Entonces, ante esta situación el llamado, sin dudas, es a la responsabilidad, al autocuidado y autocontrol porque si nos cuidamos, ayudamos a los demás, sobre todo, a los grupos más vulnerables que componen ancianos y personas con enfermedades de algún tipo, como diabetes mellitus, hipertensión, asma bronquial, entre otras, que hacen que las personas tengan el sistema inmune más delicado, o simplemente, sean mas propensos a agravar en caso de enfermar.

Ni siquiera la inmunidad de por vida está confirmada del todo en esta enfermedad que trae a la comunidad científica mundial con pocas horas de sueño en busca de una vacuna efectiva para que la normalidad regrese a nuestras vidas, aunque los daños en muchas familias tras la pérdida de un ser querido no serán evaluables nunca.

Por eso, la OMS llama a una vigilancia extrema, donde el actuar cotidiano incluya siempre distancia entre personas, lavado de las manos, uso de mascarillas, toser y estornudar protegiéndose la boca y nariz y sobre todo, si se siente enfermo, no salga de casa.

¿Acabará esta enfermedad en algún momento? Los optimistas consideran que sí, y la esperanza en la ciencia no mengua en la mayoría de las personas. Ojalá esta experiencia inesperada, que de golpe ha cambiado la vida de millones de personas nos enseñe a ser más humanos, a valorar las cosas importantes y las oportunidades que la vida nos da, dejando a un lado mezquindades y egoísmos.

Esto es un ojalá mayúsculo, porque pese a todo lo que estamos viviendo, siempre habrá quienes no aprendan la lección, y es en verdad triste. Esperemos al menos, que mientras esta pandemia siga azotando, cumplamos las medidas y así, contribuimos a disminuir su expansión.

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